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Breve Historia de la Urología Paraguaya

“El hombre no puede siempre producir originalidad – aunque ello siga siendo lo más deseable – y entonces se entretiene y se complace en rebuscar lo perdido, en restablecer lo destruido, y en reunir, ordenar y reanimar lo disperso”
— Goethe.

Prof. Dr. Julio C. Recalde Ortiz

La historia de la medicina y de las diferentes especialidades que la componen, es la lucha del hombre contra la muerte y el dolor. Lucha eterna, divina por su esencia y sublime por sus ideales de sacrificio. Recordarla constituye un deber de justicia, cuando no un ejemplo alentador para los jóvenes galenos que, tesoneros en el ensueño, trabajan por el mejoramiento de la humanidad doliente. A partir de esta historia, podemos interpretar biológicamente los hechos pretéritos y sacar de ellos útiles enseñanzas para lo por venir. Si la medicina pretende hacer al hombre más sano y, por ende, más feliz, bueno es que conozcamos la obra cumplida, el camino recorrido tras tantos esfuerzos, para trazar así, con mano segura, los nuevos derroteros de la ciencia que ha de redimirnos del mal.

Arbores de la Urología

Se adivina el nacimiento de la Urología como tal, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, gracias a la conjunción de 3 factores importantes: en primer lugar está la creación del cistoscopio, un emblema de nuestra especialidad; en segundo lugar encontramos a la litotricia, entendida como el procedimiento de triturar cálculos urinarios; y en tercer lugar está la necesidad de crear una subespecialidad quirúrgica distinta a la cirugía general.

La palabra ‘urología’ fue citada por el francés Leroy D´Etoilles en 1.840 como rama de la ciencia médica que estudia los problemas del aparato urinario, pero se acepta oficialmente a partir de 1.896 cuando se funda la Asociación Francesa de Urología y de allí se expande a otras sociedades urológicas de países del Viejo y del Nuevo Continente. Durante el siglo XX la expansión sufrida por la Urología fue avasallante y la colocó en el tope de las subespecialidades quirúrgicas, no solo por sus avances tecnológicos, sino también por la trascendencia de sus investigaciones en el campo litiásico y oncológico, afectando positivamente la calidad de la atención médica, y evidentemente esto se reflejó en los índices de calidad de vida y de sobrevida de diferentes patologías urinarias, sin parangón en la historia de la cirugía y de la recién creada especialidad

Medicina Paraguaya Incipiente

Mientras la especialidad se iba perfilando como tal en el Viejo Continente, acá, en el corazón de América del Sur, la Medicina daba sus primeros pero firmes pasos. Ocurrió que en el año 1844, Don Carlos A. López, no vio motivos que siguieran justificando el aislacionismo paraguayo, por lo que abrió las puertas del Paraguay al intercambio económico, diplomático y cultural – el país necesitaba la incorporación de médicos especialistas que orientaran el desarrollo integral – contratando en el extranjero, en diversos puntos de Europa, profesores y técnicos que gozaran de las debidas recomendaciones y títulos. Al mismo tiempo, envía a Europa a jóvenes paraguayos para estudiar Medicina, Cirugía y Obstetricia. De esta manera llegaron al país una considerable cantidad y variedad de especialistas que se ocuparían, no solo de sus tareas profesionales específicas, sino que al mismo tiempo de la capacitación de los jóvenes técnicos y humanistas nacionales.

El Dr. George P. Barton, médico británico, llegó al país en 1857, contratado como cirujano de tropa. Otro médico británico que prestó servicios al país fue el Dr. Juan Fox desde 1859 hasta 1861. El Dr. Kehnstene llegó al Paraguay en el año 1856, falleció en Asunción en el año 1857. Se suman a la lista el Dr. Frederick Skinher, quien fue cirujano de tropas hacia 1861 y falleció en la época de post guerra. Otro de los médicos británicos fue el Dr. Guillermo Stewart, quien ingreso en la sanidad militar en el año 1857, fue catedrático en la Facultad de Medicina y además formó su hogar en nuestras tierras y aquí quedaron sus restos. Además, el gobierno paraguayo contrató a profesores de la Universidad de Edimburgo, Escocia, diplomados en Medicina y Cirugía; ellos fueron los doctores William Mitchell Banks, James Rhynd y Jaime C. Wilson, quienes llegaron al país hacia fines del año 1864.

Con estos médicos extranjeros se establece la Sanidad Militar, y fueron ellos mismos quienes también, en 1858, formaron la Escuela de Cirugía, que funcionaba en el Hospital Potrero. Profesores y alumnos de la Escuela de Cirugía pasaron a formar los cuadros sanitarios durante la guerra de 1864. Allí cumplieron con su patriótica y humanitaria labor durante los cinco años de encarnizada contienda, época en que, fuera de las heridas de guerra, las enfermedades venéreas eran las patologías más comunes.

Hacia la década de 1870, la Medicina adquiere un impulso particular, ya que la salud pública era difícilmente atendida por el maltrecho Estado Paraguayo de la posguerra. Aparecen así las Sociedades de Beneficencia de Damas para brindar su apoyo.

El año1890 marca una nueva época con dos hechos transcendentales se sucedieron: la aparición de los primeros médicos paraguayos, graduados en Buenos Aires y Montevideo, y la fundación de la Universidad Nacional de Asunción siendo la Facultad de Ciencias Médicas una de sus primeras escuelas. Esta primera facultad tuvo una existencia efímera, pues se disolvió a mediados de 1891, por falta de alumnos, y se reabrió en 1898 para dar, seis años después, la primera promoción de facultativos nacionales.

Ya en el siglo XX, la Medicina y sus diferentes especialidades progresan rápidamente hasta llegar a su posición actual. El Hospital de Caridad “San Vicente de Paul”, inaugurado en 1894, se nacionaliza en 1915. Desde el año 1925 se contratan profesores extranjeros y en 1927 pasa a ser dependencia de la Facultad de Ciencias Médicas, clausurada en 1912 y reabierta por tercera vez en 1918, se reorganiza y perfecciona con la colaboración de ilustres profesores contratados en Europa. Puede así fijarse en 1927 el punto de partida de la fase académica de nuestra medicina y una pléyade de médicos jóvenes revolu ciona el ámbito universitario con sus aspiraciones siempre insatisfechas.

La Sociedad Médica del Paraguay fue fundada en 1920, pero entra en receso. Entre los años 1916 y 1917 se reorganiza y en 1920, siendo su director el Dr. Juan Francisco Recalde, la nueva comisión directiva resolvió que se dieran conferencias sobre temas médicos:

  • “Dr. Manuel Peña: Profilaxis de la sífilis”
  • “Dr. Víctor Idoyaga: Sifiloma uretral primitivo”

En 1935 se funda la Sociedad de Medicina y Cirugía del Paraguay.

El gremio de los urólogos del Paraguay fue fundado en fecha 19 de abril de 1950 con fines gremiales y científicos con la denominación de Sociedad Paraguaya de Urología, con domicilio en el Círculo Paraguayo de Médicos. De labor discontinua, recién a partir del año 1990 una comisión integrada por los colegas Alcides Oviedo, Cecilio Cano y Herminio Ruiz Díaz dan continuidad a la Sociedad.

Evolución de la Urología Paraguaya

En la época en que los primeros médicos (europeos todos) vinieron al Paraguay, en Europa, ya la urología estaba bastante avanzada, por más que formaba parte de la Cirugía, por lo que suponemos que estos médicos ya brindaron sus conocimientos al respecto. Más aun, en una publicación de Anales sobre la Historia del Hospital de Clínicas, se relata que los primeros procedimientos quirúrgicos, en el Hospital de Caridad, fueron posibles gracias a los instrumentales quirúrgicos traídos por el Dr. Stewart.

En nuestro país, como en otras partes de la comunidad médica, la urología formaba parte de la cirugía, pero lentamente y fue adquiriendo propia individualidad. Algunos galenos de los años 20, como el Dr. Alberto Schenoni, el Dr. Luis Zanotti Cavazzoni y el Dr. Ramón Doria, se publicitaban como cirujanos generales y de vías urinarias y como especialistas en enfermedades venéreas.

Para 1925, ya formada la Sala de Vías Urinarias en el Hospital de Clínicas de la Facultad de Ciencias Médicas, el alumbramiento de la nueva especialidad empezó. Con la Guerra del Chaco, la urología no dejó de crecer, pero se vio muy ocupada por las patologías venéreas, muy frecuentes en tiempos bélicos. Por ejemplo, el Dr. Carlos Díaz de León hace una publicación sobre la profilaxis de las enfermedades venéreas en el ejército paraguayo, relatando que, de 641 pacientes hospitalizados, 294 eran por blenorragia. Al respecto dice: “si en tiempo de paz, las enfermedades venéreas atacan un número considerable de hombres, que quedan indisponibles por un tiempo bastante largo; en tiempo de guerra, el mal es más grave en sí y de consecuencias también más graves. La lucha antivenérea debe hacerse con más severidad y tenacidad”.

Apenas terminada la guerra, y por iniciativa de los doctores Julio Morales y Manuel Riveros, se resolvió realizar reuniones quincenales de profesionales y estudiantes de las diversas ramas de Ciencias Médicas, para la presentación de casos y temas de interés común. La primera reunión fue el 10 de agosto de 1935 y la segunda, el 31 de agosto del mismo año, ambas en el Instituto de Anatomía Patológica, siendo presidida por el Prof. Dr. Benigno Escobar. El Prof. Dr. Rufino Gorostiaga presenta “Hipertrofia del Cuello Vesical”; el autor define esta entidad nosológica poco conocida por los médicos generales y expone algunas observaciones, ensayando una interpretación patogénica. Iba afianzándose la especialidad.

Para los años 60, las innovaciones de la época llegaban parcialmente. Los cateteres utilizados eran de látex y se lubricaba la uretra con vaselina líquida. No existían las sondas de tres vías. Los guantes quirúrgicos se re esterilizaban, y guardaban con maicena, no con talco, pues el Prof. Miquel argumentaba que este último material causaba más procesos adherenciales en contacto con los tejidos. El tacto rectal se realizaba con “el dedil de Legue”, que era un dispositivo de goma para un solo dedo. El método de hemostasia en la cirugía de próstata era comprensa calientes, de allí que cada cirugía de próstata era una prueba de fuego para el instrumentador (¡se quemaba las manos en dicho procedimiento!). Otra maniobra muy utilizada en la sala de urología era el mechado de la logia prostática con mecha vaginal como método de hemostasia (por aquel entonces, el uso del electrobisturí no era bien visto por el Prof. Miquel, ya que sostenía que con su uso, se aumentaban las probabilidades de trombosis post operatoria). No está demás agregar que el proceso de retirado de la mecha era un sufrimiento para el paciente, que lo toleraba estoicamente con la esperanza de mejorar la micción.

Los procedimientos quirúrgicos fueron evolucionando con la medida de la formación en el extranjero de colegas urólogos y la importación de instrumentales de vanguardia.

El primer procedimiento percutáneo fue realizado en el año 1985 por el Prof. Dr. Hernán Codas. El primer procedimiento de litotripcia extracorpórea fue realizado en el año 1992. El primer trasplante renal del país fue realizado en el Hospital del Instituto de Previsión Social con la venida de dos colegas brasileños, amigos personales del Dr. Cano Ortiz (Dr. Campagnari y Dr. Marmo Lucon).

El primer trasplante renal con éxito fue realizado en el año 1985 en el Hospital de Clínicas, en la Ira Cátedra de Clínica Quirúrgica, con colaboración del Prof. Dr. Hernán Codas, Urólogo de la Sala VI.

Evolución de técnicas mínimamente invasivas se dieron a inicios de los 2000, con la introducción de fuentes de energía laser para la endolitotripsia, masificación de técnicas laparoscópicas y endoscópicas para el tratamiento de patologías urológicas benignas y malignas.

Además, la Urología Paraguaya alcanzó el nivel de prestación de primer mundo con la introducción del robot quirúrgico, habiendo actualmente dos plataformas diferentes en el país.

Si bien nuestro país tiene un lento avance en publicación y producción científica, prueba de la calidad de la Urología Paraguaya y nuestro potencial son los trabajos científicos realizados por el Dr. Ramón Cabañas con el Prof. Riveros sobre el cáncer de pene y el ganglio centinela, citas bibliográficas mundialmente conocidas. El Prof. Dr. Antonio Cubilla, anatomopatólogo, también trabaja en colaboración de varios urólogos y es referente en patología neoplásica de pene.

Hospital de Clínicas, Cuna de la Urología Paraguaya

La difícil pero necesaria tarea de reunir el acervo histórico de la urología en el Paraguay nos lleva a afirmar, sin lugar a duda, que es en el Hospital de Clínicas donde los primeros especialistas se han formado como urólogos. Es de aquí donde salieron otros tantos a fundar servicios en otras instituciones como el Hospital del Instituto de Previsión Social, el Hospital Nacional de Itaugua, el Hospital de la Policía y el Hospital Militar.

Los primeros datos que encontramos acerca de la Urología como especialidad independiente dentro del Hospital de Clínicas, nos llevan al año 1925, cuando siendo Decano el Prof. Dr. Benigno Escobar, se establece la Sala de Vías Urinarias, que posteriormente se convertiría en la Sala VI de Clínica y Cirugía Urológica. Fue el ilustre Prof. Dr. Alejandro Dávalos jefe de cátedra desde el año 1925 al año 1930.

Ya más adelante, encontramos un informe de las actividades del hospital de Clínicas del año 1943 con respecto a la Sala VI de Urología: “Unidad Asistencial: 27 camas, numero de hospitalizados en el año 259, término medio de enfermos permanentes hospitalizados 28, defunciones 18, duración en días de la hospitalización por personas 39,6, consultas externas 328 pacientes. Unidad Académica: Se han dictado 34 clases de Urología (curso oficial), y 27 clases (curso libre).”

En el año 1960 el Prof. Dr. Rufino Gorostiaga hace una publicación sobre la cirugía transuretral para el tratamiento de la hipertrofia prostática, realizando dicho procedimiento por vía perineal.

Entre los docentes de la Sala VI, desde 1932 hasta 1994, se encuentran: Santiago Pastore, Carlos Valiente, Roberto Bogado Sabelli, Rafael Lebrón, David Sarubbi, Eduardo Sapena Pastor, Ricardo Ugarriza, Giovine, Joaquín Sarroca, Rodríguez, Domingo Pessolani, Méndez Chamorro, Giangreco, Caballero, Gómez Monges, Manuel Bedoya, Antonio Masi, Ricardo Fracchia, Cesar R. Pastore, Raimundo Zoilan, Edeliro Escobar, Braulio Ayala, Oscar Espinoza Buccini, Salvador Udagawa, Francisco Martínez García, Primo Segovia, Julio C. Núñez, Wenceslao Meza, Alfonso Sánchez Angot, Ramón Florentín, Enrique Baran, Milciades Chirife, Juan Javaloyes, Marcos Dávalos, Carlos S. Valiente, Victorio Oxilia, Oscar Casartelli, Diego López, Benito Fleitas Sosa, Carlos Semidei, Hernán Codas J., Bernardo González Martorano, Roberto Filizzola, Cecilio Cano flores, Edgar W. Cabral, Emiliano Saguier, Luis Oneto, Nery Núñez, Tomás Garcete Juan Carlos Ortellado, Julio C. Recalde.

No en vano tenemos a la Sala VI del Hospital de Clínicas como cuna de la especialidad en el Paraguay, pues varios de estos colegas migraron a diferentes lugares de atención del país, donde prestaron atención médica y formaron urólogos. Así, el Dr. Bedoya va al Hospital del Instituto de Previsión Social, formando equipo de trabajo con el Dr. Cano Ortiz y el Prof. Dr. Lebrón, sumándose posteriormente los colegas Cano Flores, Cayo Estigarribia, César Cabañas, Rubén Noguera, Gustavo González, Luis G. Benítez, Jorge Britez, y otros. También el Dr. Bedoya organiza el Servicio de Urología del Hospital Militar, acompañándolo en esta labor los doctores Roberto Filizzola, Milciades Chirife y Domingo Arce. El Hospital Nacional, desde el año 1980, colabora con la formación de urólogos; el Dr. Cayo Estigarribia, dio el puntapié inicial para esta labor, asistido por los colegas Cabañas, Pussineri, Ugarte y Juan Martínez. El Hospital del Cáncer aporta lo suyo con la colaboración de los galenos Amado Gill y Juan Carlos Oviedo.

Varios colegas interesados en la Urología fueron a distintos centros de formación en el exterior para cursos de perfeccionamiento, con lo que se da impulso a la nueva era urológica: Dr. Semidei, Dr. Codas Jaquet, Dr. Gustavo Gonzales, Dr. Cardozo Ovelar, Dr. Grau, Dr. Cano Ortiz.

Forman parte del acervo histórico de la Cátedra de Clínica Urológica del Hospital de Clínicas (FCM – UNA), instrumentales urológicos antiguos que nos guiaron en nuestros primeros pasos en la especialidad, así como también parte de la biblioteca del Prof. Dr. Miquel.

Jefes de Cátedra, Sala VI Clínica y Cirugía Urológica

Prof. Dr. Alejandro Dávalos (desde 1925 hasta 1930). Médico y político. Oriundo de Asunción, nació en el año 1893. Fue bachiller en su ciudad natal y se recibió de Doctor en Medicina en Paris, Francia. En la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción dictó cátedra de Clínica Quirúrgica y, por los conocimientos traídos de Europa, fue designado el encargado de la novel Sala de Vías Urinarias, que luego se convertiría en la Sala VI de Urología. Autor de varios trabajos científicos. Llegó a ser Decano de la casa de estudios desde mayo de 1930 hasta abril de 1931. En el ámbito político, fue Senador de la Nación y Ministro de Salud Pública en el primer gabinete del Presidente José Félix Estigarribia.

Prof. Dr. Rufino Gorostiaga (desde 1957 hasta 1961). Fue sin dudas un hombre que dejó huellas indelebles en su paso por la vida, ya que se destaco en todas las actividades que le cupo desempeñar, sobre todo en la especialidad de Urología. En el año 1918 fue practicante externo en la Asistencia Pública, en el año 1920 al 24 fue interno en el hospital de clínicas, se graduó en el año 1924 con notas sobresalientes como Doctor en Medicina y Cirugía, poco después viajo a Francia, donde en los Hospitales de Necker (cuna de la Urología) y Lariboisier de París, hizo la especialidad que cultivara el resto de su vida. Durante su larga y fructífera carrera de urólogo, formó una generación de médicos paraguayos, ya que desde el año 1927 se dedico a esta función. Trascribo las palabras con las cuales el Prof. Dr. Rafael F. Lebrón lo despide en el año 1988: “El recuerdo de su pulcra estampa enfundada en su inmaculado guardapolvo y un largo delantal blancos, trajinando por la Sala VI, jamás se borrará de la memoria de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y de recibir sus enseñanzas. ¡Adiós, Maestro! Todo el demo universitario está hoy de luto”.

Prof. Dr. Alberto Miquel (desde 1962 hasta 1985). Colega de personalidad pragmática, formado en la urología en el Instituto Puigvert de España. Desde sus inicios como médico dio interés en la utilización de autovacunas para el tratamiento de varias enfermedades, pero en especial para el cáncer. Obran como pruebas de su compromiso científico, las múltiples publicaciones en revistas nacionales y extranjeras (“Ultrasonido en urología”, “Prueba de los leucocitos” y la fluorescencia en las oncopatías vesicales malignas, Técnica intravital en el tratamiento de algunas oncopatías urológicas”, “Prueba de la fluorescencia de las sustancias extraídas de la sangre y otros líquidos orgánicos”, entre otras).

Prof. Dr. Rafael Lebrón (desde 1986 hasta 1996).

Prof. Dr. Hernán Codas (desde 1996 hasta 2002).

Prof. Dr. Heinrich Neufeld (desde 2002 hasta 2006).

Prof. Dr. Hernán Codas (desde 2006 hasta 2016).

Prof. Dr. Gustavo Gimenez (desde 2016 hasta 2020).

Prof. Dr. Julio Recalde Ortiz (desde 2020 a la fecha).

José Babini decía: “Un imperativo, a la vez intelectual y moral, obliga al médico a conocer lo esencial del pasado de su profesión, y por tanto el de las ciencias y las técnicas sobre las que el ejercicio de su profesión se funda. Imperativo intelectual porque las cosas se saben mejor cuando se tienen ideas precisas acerca de su paulatina constitución histórica.” El intento de armar el complejo rompecabezas fue sincero, y si algún ilustre colaborador fue olvidado, profundas disculpas, las neuronas con el tiempo tienden a traicionar. Mis agradecimientos a los colegas que aportaron su tiempo y vivencia para la realización de este articulo.

Bibliografía

  • Anales de la Faculta de Ciencias Médicas. Vol. I, Nº 4, año 1928.
  • Anales de la Faculta de Ciencias Médicas. Vol. IV, Nº 9, año 1928 – 1930.
  • Anales de la Facultad de Ciencias Médicas. Vol. V, Nº 10, año 1931.
  • Revista de la Sanidad Militar. Vol. V, Nº 56, año 1932.
  • Revista de la Sanidad Militar. Vol. V, Nº 57, año 1932.
  • Revista de la Sanidad Militar. Vol. VII, Nº 71, año 1935.
  • Anales de la Facultad de Ciencias Médicas. Vol. IV, Nº 20, año 1944.
  • Anales de la Facultad de Ciencias Médicas. Vol. V, Nº 21, año 1945.
  • Anales de la Facultad de Ciencias Médicas. Vol. XX, Nº 1-2, año 1988.